Sentirse observada durante el parto crea una batalla de instintos…

Dar a luz es un acto sagrado. Como mamiferas que somos, para dar a luz a nuestros bebés necesitamos sentirnos seguras, en intimidad y privacidad.

Fotografia de Raquel Banchio

A menudo, esta simple pero especial premisa para que el parto se desarrolle con normalidad, no se cumple. Los paritorios tienen demasiada luz, las puertas se abren, entra y sale personal y se escuchan ruidos no familiares. Pero lo peor de todo, es que las mujeres se sientan observadas, controladas.Todo este cóctel puede activar nuestro sentido del peligro, haciendo que nuestro cuerpo segrege adrenalina, antagonista de la oxitocina, tan necesaria para que el parto progrese. Y aquí es cuando empieza la batalla de instintos, por un lado el cuerpo quiere dar a luz, por el otro percibe peligro.
No existe experiencia más íntima, preciada y enriquecedora que dar a luz a tu bebé. Una experiencia que aunque fisiológica, es compleja y sensible a nivel hormonal. És un suceso que debería tratarse con el máximo respeto e intimidad, pues no hacerlo puede perturbar el funcionamiento normal del parto. Las mujeres deberían sentirse seguras en sus partos para poder decir NO. Una persona más, son dos ojos demás. Es imprescindible que quien esté presente tenga una conexión especial con la madre, para que ella pueda sentirse acompañada y segura. La mujer decide, es su parto, son sus instintos… Y si se respetan, no fallarán.

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