Tactos vaginales ¿necesarios?

Un tacto vaginal consiste en introducir los dedos índice y corazón del profesional dentro de la vagina de la mujer para poder evaluar la dilatación cervical y la presentacion y descenso del bebé entre otras cosas.

A pesar de ser una práctica estandarizada y normalizada en el parto, incluso vista como indispensable para algunos profesionales, los tactos vaginales no son ciencia ni son imprescindibles ni predictivos de nada.

Los tactos vaginales son subjetivos y carecen de evidencia científica que respalde su efectividad y seguridad. A pesar de ello, se realizan de forma rutinaria cada 4 horas, a veces más a menudo, aunque no está justificado ni recomendado, para evaluar el progreso en el parto hospitalario.

Es una intervención que hemos normalizado sin ni siquiera cuestionarnos si su uso rutinario puede tener más riesgos que beneficios en las mujeres o sus bebés.

Los riesgos de los tactos vaginales son varios e incluyen:

  • Mayor riesgo de infección
  • Mayor riesgo de rutura prematura de la bolsa del líquido amniótico.
  • Sangrado

Además, es una intervención incomoda y molesta, que puede llegar a ser dolorosa para algunas mujeres.

Realizar un tacto vaginal requiere SIEMPRE de previo consentimiento oral de la mujer, explicando bien el motivo del porqué se realizará dicha intervención, los supuestos beneficios y los posibles riesgos y las alternativas disponibles.

Nunca debemos asumir que un consentimiento vale para todos los tactos vaginales que se precisarán en el parto, quizás la mujer acepta uno pero al siguiente prefiere no acceder.

Debemos tener presente que un tacto vaginal es una intrusión violenta al cuerpo de la mujer, por muy consentido que sea, no deja de invadir algo muy íntimo y sensible que nos pertenece, nuestros genitales.

Nuestras acciones, por muy rutinarias y habituales que sean en nuestro día a día, pueden tener un impacto muy grande en la salud de las mujeres. Que una mujer se sienta violentada en su parto, coaccionada a aceptar ciertas intervenciones o no respetada en sus decisiones, puede suponer un trauma perinatal imborrable, una depresión postparto o estrés postraumático.

Las matronas con experiencia que trabajamos en entornos flexibles sabemos que los tactos vaginales  de rutina no son necesarios. De hecho, no realizamos tactos en la mayoría de los partos. Esto no significa que no realicemos tactos vaginales sino que hacemos pocos, recurriendo a esta intervención en casos muy concretos. Nos guiamos por otros signos y señales del cuerpo de la mujer que no son invasivos y no estorban el proceso del parto cómo los sonidos, los movimientos o posturas que adopta la mujer, la línea púrpura, el rombo de Michaelis o el aspecto del periné y ano.

Los tactos vaginales son otra forma de estandarizar los partos en un intento de querer evaluar y calificar los procesos naturales del cuerpo de la mujer en normales o patológicos en base a números que no tienen ningún significado por si solos, sin observar y tener en cuenta la mujer como un todo.

Más información:

http://www.cochrane.org/es/CD010088/examenes-vaginales-habituales-en-el-trabajo-de-parto

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